Al nacer, la consciencia es, en efecto, muy clara, excepto por las previas semillas kármicas que contiene. Esta claridad se va oscureciendo por los condicionamientos de nuestra vida de vigilia. En forma gradual, en lugar, simplemente, de percibir cada momento vivido, la consciencia colecciona y luego retroalimenta condicionamientos de imágenes y conceptos, y desde allí crea un sentido de identidad separada (ego). Parecemos haber aprendido o – al menos – haber acumulado y almacenado información; pero, en realidad, el ego está precisamente recreándose y perpetuándose a sí mismo. Este mismo proceso ocurre en nuestro estado de sueños. Imágenes, conceptos e interpretaciones son tejidos según un diseño, uno activando al otro. Toda la experiencia de nuestra vida es como un tapiz movible.

Por definir y juzgar todo lo que experimentamos, nuestras vidas llegan a ser tan complejas que no hay ni un espacio, ni una imagen, sin una etiqueta. Nuestra lucidez, subyacente y clara, está totalmente oscurecida. Es, sin embargo, posible hacerse un camino a través de esta oscuridad. Las interpretaciones toman su forma sobre niveles de consciencia más profundos, y cuando penetramos aquellas exterioridades, podemos contactar genuinamente con la experiencia directa, en la cual no hay interpretaciones ni categorizaciones.

Nuestras herramientas habituales de consciencia no pueden actuar a través de esas oscuridades porque hemos dependido muy tempranamente del nivel superficial de nuestra experiencia. Podemos, sin embargo, usar el estado de sueño. Aunque en muchos aspectos él es muy similar al estado de vigilia, tiene mucha más flexibilidad. En sueños podemos manipular las imágenes con facilidad y cambiando situaciones soñadas podemos aprender a cambiar nuestra realidad de la vigilia. Los sueños no son simplemente diseños fijos de imágenes o colecciones de imágenes reflejadas, ellos son un canal directo a nuestra lucidez interior.

Si cuando soñamos nos damos cuenta de que ese sueño es un sueño, esto puede ser de gran beneficio para nosotros, porque podemos usar ese conocimiento para modelar nuestro sueño a voluntad.

Habitualmente, consideramos el estado de vigilia como consciente y el estado de sueño como inconsciente. Pero en ambos estados usamos el mismo proceso de pensamientos. Ellos no son tan diferentes el uno del otro. Cuando nos damos cuenta que toda existencia es como un sueño, la separación entre ambos desaparece, La experiencia que ganemos practicando durante nuestros sueños nos servirá en nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, podemos aprender a cambiar las imágenes terroríficas que veamos en nuestros sueños por otras apacibles. Usando el mismo proceso, podemos trasmutar las emociones negativas del día en una acrecentada lucidez.

En nuestro estado habitual de comprensión creemos que existe una realidad a la que damos una posición fija. Pero, gradualmente podemos aprender a crear nuestra propia realidad. El mundo y nuestra realidad no son sólidos; todo interactúa, todo puede ser penetrado. No hay una simple realidad. Cuando nos damos cuenta que las situaciones no son tan concretas como pensábamos, nuestra gravedad y tensión hacia la vida empieza a disolverse.

Es útil pensar de toda nuestra experiencia como siendo un sueño. Cuando lo hacemos, los conceptos y las auto identidades que nos han limitado empiezan a desaparecer. A medida que nuestra auto identidad se vuelve menos rígida, nuestros problemas se hacen más livianos. Al mismo tiempo, se desarrolla un nivel mucho más profundo de lucidez.

Es difícil llegar a librarse de la garra del ego. Sin embargo, una vez que nos damos cuenta que todo es como un sueño, el ego cambia naturalmente. No necesitamos pelear con nuestro ego, porque ya no nos identificamos más con él.

Cuando realmente comprendemos que todo es un sueño, el ego deja de estar presente. Nosotros llegamos a ser la energía misma, de modo que cualquier manera de actuar ya no está aferrada a una identificación. Cuando dejamos de estar limitados por las restricciones del ego, nuestra energía es vívida y aguda, tan brillante como la luz del sol. En ese momento, cuando aparece una emoción, puede ser expandida hasta volverse más grande que nuestro cuerpo, y llenar todo el espacio, más allá de la imaginación y de la mente. La experiencia está entonces unida al experimentador. Es la total expansión, la total apertura. Esta penetración nos lleva más allá del pensamiento, de la substancia y de la acción.

No debemos pensar que al comparar la vida con un sueño nos referimos sólo a objetos externos. Nuestra entera subjetividad, todas nuestras percepciones, toda nuestra consciencia, es un sueño. El sueño no está formado solamente por las imágenes de nuestra percepción. Cuando somos conscientes de esto,  Aun las cosas más difíciles y duras llegan a ser fáciles y posibles de disfrutar . Uno obtiene una pura lucidez, y la manera de lograrla es llegar a damos cuenta de que toda experiencia es como un sueño.