Desde el punto de vista cotidiano, el mundo es real. Elaboramos nuestra experiencia de él en base a una serie de conceptos en los que todos estamos de acuerdo. Pero en la realidad, todos los diferentes aspectos de la existencia son transitorios, cada momento es un cambio que ha sufrido el momento anterior. No hay una realidad permanente en la cual sostenerse, y todo aquello en lo que queremos apoyarnos está sujeto a cambio.

Tan pronto como ocurre una experiencia, ya es pasado Sin embargo, a menudo sentimos sólo muy vagamente ese proceso de cambio, en parte porque algunas veces cambia tan lentamente que no nos damos cuenta. No vemos el proceso en sí sino súbitamente el resultado. Por ejemplo, cuando miramos hacia atrás recordando nuestra niñez, encontramos que ya no somos – física y mentalmente – el que éramos, pero aún seguimos considerando que ese niño somos nosotros.

Como comprender la transitoriedad más claramente, es útil a veces pensar que nuestras vidas se parecen a un sueño. Cuando estamos soñando, todo lo que experimentamos parece muy real. Sólo al despertar del sueño descubrimos que esas experiencias no eran reales. El campo de la mente ha provisto el material para todas las imágenes, toda la acción, todo el lenguaje del sueño. De la misma manera, la mente de vigilia sostiene y ordena nuestros pensamientos, sentimientos y percepciones a medida que pasan por ella. El resultado parece real e incluye todo lo que conocemos como experiencia cotidiana. Sin embargo, cuando miramos hacia atrás nuestras experiencias vemos que están compuestas sólo de pensamientos e impresiones transitorias.

Realmente, el hecho de darse cuenta que toda nuestra experiencia es transitoria y que nos elude cuando buscamos permanencia detrás de ella, puede ser escalofriante y aun amenazador. El cambio es trastornador y la idea de constante cambio es quizás más perturbadora cuando nos preocupamos en pensar en ello. Queremos que nuestro mundo sea al menos parcialmente sólido y estable, algo de lo que podamos depender. No vemos que si cada parte de nuestra existencia fuera fija o sólida, ella sería un gran obstáculo. El cambio es lo que permite crecer y desarrollarse. La transitoriedad no es una amenaza, en lugar de eso es la apertura a nuevos horizontes.