Limitamos nuestro horizonte por creer sólo en lo que nos es familiar. Aunque cada sistema de creencias pueda expresar algún aspecto de la verdad, todos están basados en la consciencia humana cotidiana y así puede apuntar solamente a verdades relativas, nunca a la totalidad. Mientras un sistema de creencias pertenezca al reino de ideas y de conceptos, él nos limita a una muy pequeña parte del conocimiento que hay efectivamente disponible para nosotros.

Por lo tanto, en el intento por descubrir todas las posibilidades que se nos presentan, debemos aprender a ir más allá de la consciencia humana cotidiana y entrar en el ámbito de la experiencia directa. Esto es difícil de hacer porque nuestra mente sólo sabe seguir ideas, instrucciones y conceptos y esto hace que proyecte la idea de ir más allá, de trascendencia o transmutación. Estamos atrapados en la idea, y por ello permanecemos en nuestro primitivo estado de consciencia. Mientras sigamos pensando de esta manera, permaneceremos en el nivel de consciencia que está limitado a los conceptos.

A través de la meditación, podemos obtener una comprensión de la naturaleza cambiante de toda existencia, y podemos entonces abrimos a una nueva manera de ver. Junto con comprender que nuestro mundo cotidiano está siempre cambiando, desarrollamos una lucidez intrínseca, la que puede penetrar en todas las formas aparentemente sólidas. Entonces descubrimos un mundo vasto e inexplorado, un lugar en el que cada momento nos trae una experiencia nueva. Nuestro embotamiento, confusión y desasosiego desaparecen junto con todas las otras ilusiones, y nuestra experiencia toma un nuevo significado.

Pueden todavía aparecer obstáculos a nuestro progreso, pero podemos esquivarlos aprendiendo a fluir con nuestra experiencia, así ella nos dará una real estabilidad y libertad. Cuando descubrimos que el cambio es la verdadera naturaleza de la existencia, nuestra antigua concepción del mundo parece empequeñecida y limitada. Una nueva realidad emerge de la anterior…